No hay forma de que se componga esto

Por Alejo Sánchez Cano

La economía sigue en picada y a este paso no es difícil predecir cómo terminara el sexenio de López Obrador en este tema, sobre todo si consideramos que cuando arrancó en 2018, tenía un bono relevante en cuanto a crecimiento económico de un PIB de 2.5 por ciento y la creación, en un sexenio, de cuatro millones de empleos formales.

Todo esto lo arrojó AMLO por la borda en 2019, al pasar de ese 2.5 por ciento positivo en el PIB, a -8.9 negativo y de haber perdido, tan solo en 2020, 647 mil 710 empleos formales.
Ya con el impacto del Covid-19 y las erróneas decisiones de AMLO, todo se puso de cabeza y por desgracia en los tres años que restan de su administración seguirá con esa inercia que tiene como un lacerante indicador, el aumento de 5 millones de nuevos pobres.

Al mes de agosto la economía ha registrado su mayor caída en 15 meses, debido a diversos factores, entre los que destacan los cambios legislativos en la subcontratación.
El IGAE se contrajo 1.6 por ciento contra el mes anterior, lo que el Banco de México, en voz del subgobernador Jonathan Heath, calificó de mala noticia por el retroceso de 2.5 por ciento en la actividades terciarias (comercio y servicios)
También se acaba de dar a conocer la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, la cual apunta que hubo una contracción de la población ocupada que se redujo en 544 mil personas.
Dicen algunos que este desplome del empleo se debe al impacto de la tercera ola de Covid. Sin embargo, también debe considerarse que la inercia negativa en cuanto al decremento de la economía y nuevos empleos se debe a la ‘visión muy limitada’ del presidente.
El retiro de la inversión privada y la fuga de capitales es una razón de peso que subyace en la medición de los principales indicadores de la economía.
Si los dueños del capital ven con recelo al gobierno de AMLO, por su visión retrograda al apoyar la estatización, pues ahora con la contrarreforma eléctrica buscarán otros horizontes.

Más allá de la discusión del Paquete Económico 2022 y en el cual prevalecerá la postura del gobierno y sus partidos políticos afines, está la reforma eléctrica, la madre de todas las reformas, y si el bloque opositor no asume su responsabilidad histórica, estaremos ante un escenario, por decir lo menos, catastrófico que estigmatizará a López Obrador como el peor presidente que haya tenido México.
De este tamaño es la relevancia de que progrese esta reforma expropiatoria que busca unilateralmente, por ejemplo, rescindir todos los contratos que tiene la CFE con empresas internaciones en temas como la generación de energías limpias.
Cierto, al presidente lo tienen sin cuidado las implicaciones económicos que pueda tener su contrarreforma, lo que para él es relevante es el impacto electoral y éste, al volver a nacionalizar a la CFE para que la ‘electricidad vuelva a ser del pueblo’, es un bombón que, a decir de sus colaboradores, no va a desaprovechar.
Decíamos en otra colaboración que la oposición está pasmada ya que, creen ellos, con mantener un discurso contrario al gobierno es suficiente, cuando la verdadera lucha política se da en las calles al lado de la sociedad.
Un sexenio perdido en el tema económico, que si le sumamos otros rubros como el de la inseguridad pública y la corrupción, además del desabasto de medicamentos y la crisis sanitaria, estamos hablando de algo inédito en la historia postrevolucionaria en cuanto a la calificación de una administración.
Es verdad, AMLO pasará a la historia, pero no como él, desde ahora quiere que se le recuerde, sino como el mandatario que llevó al país al despeñadero.

 

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